Tren México-Querétaro destapa posible osario prehispánico; INAH descubre nueve osamentas y objetos antiguos en Buenavista
CREDITOS: INAH
El descubrimiento incluye restos humanos, cerámica de tradición azteca, figurillas y herramientas de piedra. Los especialistas investigan su antigüedad y posible relación con las prácticas funerarias de las antiguas comunidades de Tlatelolco.
CIUDAD DE MÉXICO. Los trabajos de construcción del Tren de Pasajeros México-Querétaro han permitido descubrir parte de la historia que permanece bajo el territorio de la capital del país. Durante las excavaciones realizadas en las inmediaciones de la terminal ferroviaria de Buenavista, especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) localizaron un depósito de restos humanos que podría haber funcionado como un antiguo osario, acompañado de diversos objetos arqueológicos de origen prehispánico.
El descubrimiento representa un importante aporte para la investigación histórica, debido a que los materiales encontrados podrían ofrecer información sobre las costumbres funerarias, la vida cotidiana y las prácticas culturales de las comunidades que habitaron esta región hace varios siglos.
De acuerdo con la información difundida por el INAH, los primeros restos óseos fueron identificados el 17 de septiembre de 2026, durante los trabajos de preparación del terreno para la instalación de las vías ferroviarias.
Las excavaciones permitieron localizar diferentes piezas humanas a una profundidad aproximada de 1.40 metros. Posteriormente, los especialistas identificaron un depósito funerario en el que los huesos no conservaban una relación anatómica entre sí, característica que abrió la posibilidad de que se tratara de un osario.
Localizan nueve osamentas y restos con modificaciones craneales
Entre los materiales recuperados, los investigadores contabilizaron nueve osamentas, cinco mandíbulas y diferentes elementos óseos, entre ellos cráneos, fragmentos de cadera, fémures, costillas, radios, tibias y dientes.
Uno de los aspectos que llamó la atención de los especialistas fue que dos de los individuos presentan modificaciones craneales, una característica que será estudiada mediante análisis especializados para conocer su naturaleza y aportar información sobre las personas a las que pertenecieron.
Los trabajos de investigación permitirán determinar aspectos como la edad y el sexo de los individuos, así como las particularidades de las modificaciones identificadas en los restos.
La antropóloga física Abril Machain Castillo, encargada de la exhumación, explicó que uno de los elementos que respalda la hipótesis de un posible osario es la selección de los huesos encontrados.
En lugar de localizar esqueletos completos y articulados, los especialistas identificaron principalmente cráneos y huesos largos, piezas que pudieron haber sido recuperadas y trasladadas desde sus lugares originales de entierro para conservarlas en otro espacio.
Esta práctica funeraria podría ayudar a comprender cómo las antiguas comunidades organizaban sus espacios de enterramiento y qué significado otorgaban a los restos de sus antepasados.
Cerámica, figurillas y herramientas de origen prehispánico
Además de los restos humanos, el descubrimiento destaca por la cantidad y variedad de objetos arqueológicos localizados en el mismo sitio.
Entre las piezas recuperadas se encuentran fragmentos de cerámica pertenecientes al estilo Azteca III, cuya temporalidad se ubica aproximadamente entre 1350 y 1520 después de Cristo.
Los materiales incluyen platos, ollas y salineras, recipientes que eran utilizados en distintas actividades de la vida cotidiana, entre ellas la extracción y manipulación de sal procedente del antiguo lago de Texcoco.
También fueron identificados siete malacates miniatura, dos figurillas y diferentes herramientas de piedra pulida.
A estos elementos se suman fragmentos de manos de metate y mortero, así como navajillas elaboradas principalmente con obsidiana verde, cuyo posible origen se relaciona con la región de la Sierra de las Navajas, en el actual estado de Hidalgo.
La presencia de estos materiales permitirá a los investigadores estudiar no solamente las prácticas funerarias, sino también algunos aspectos de la vida doméstica, las actividades productivas y el aprovechamiento de recursos naturales de las antiguas poblaciones.
El hallazgo se ubica en el antiguo barrio de Nonoalco
Otro de los aspectos que incrementa la relevancia histórica del descubrimiento es su ubicación.
El depósito fue encontrado en el territorio que antiguamente correspondía al calpulli de Nonoalco, uno de los 19 barrios prehispánicos que conformaban el islote de Tlatelolco.
Esta zona tuvo importancia dentro de la organización social y territorial de las comunidades que habitaron el antiguo México, por lo que los materiales encontrados podrían aportar nuevas pistas sobre su historia.
Además, el sitio se encuentra cerca de la iglesia de San Miguel Nonoalco, una construcción del siglo XVI que funcionó como capilla de visita vinculada con los frailes franciscanos del Convento de Santiago Tlatelolco.
La cercanía con esta edificación también resulta relevante para los investigadores, debido a que permite estudiar la posible relación entre las prácticas funerarias prehispánicas y las transformaciones culturales y religiosas que ocurrieron durante los primeros años de la época colonial.
¿De qué época podrían ser los restos encontrados?
Aunque todavía se necesitan estudios especializados para establecer una fecha precisa, las primeras estimaciones sitúan los materiales entre dos periodos históricos.
Por una parte, podrían corresponder al Posclásico Tardío, comprendido entre los años 1200 y 1519 después de Cristo.
Otra posibilidad es que estén relacionados con la etapa de contacto entre las comunidades indígenas y los españoles, ubicada entre 1519 y 1535.
Esta posibilidad resulta particularmente interesante porque el depósito reúne elementos que podrían ayudar a comprender una etapa de importantes transformaciones en las costumbres y formas de organización de las poblaciones originarias.
Los especialistas también consideran relevante que se hayan encontrado objetos de tradición prehispánica junto con un posible espacio de concentración de restos humanos, debido a que los osarios identificados anteriormente en la Ciudad de México suelen estar relacionados con periodos virreinales o de contacto.
Los materiales serán estudiados en laboratorios especializados de Hidalgo
Después de realizar el registro arqueológico correspondiente en el sitio, los materiales fueron trasladados a laboratorios especializados del proyecto, ubicados en Tula de Allende y Tepeji del Río de Ocampo, Hidalgo.
En estos espacios se desarrollarán trabajos de limpieza, restauración y análisis de los restos humanos, las piezas cerámicas y los objetos de piedra.
Los estudios permitirán determinar con mayor precisión las características de los materiales, su temporalidad y su posible relación con las comunidades que habitaron la zona.
El proyecto de salvamento arqueológico se encuentra bajo la supervisión del INAH y es coordinado por el arqueólogo Víctor Francisco Heredia Guillén.
La investigación forma parte de las labores que acompañan la construcción del Tren de Pasajeros Ciudad de México-Querétaro, mediante las cuales se busca identificar, documentar y proteger los vestigios históricos que puedan aparecer durante los trabajos ferroviarios.
Una ventana al pasado en medio de una nueva conexión ferroviaria
El descubrimiento en Buenavista demuestra que las grandes obras de infraestructura también pueden convertirse en oportunidades para conocer y recuperar parte del patrimonio histórico que permanece bajo las ciudades.
Mientras avanzan los trabajos para desarrollar una nueva conexión ferroviaria entre la capital del país y Querétaro, los especialistas continúan documentando los vestigios que aparecen en el recorrido, procurando que estos elementos sean estudiados y resguardados.
En este caso, el posible osario y los objetos encontrados ofrecen una oportunidad para conocer más sobre las antiguas comunidades de Nonoalco y Tlatelolco, sus costumbres, su relación con la muerte y las transformaciones que experimentaron durante los últimos años del mundo prehispánico.
Por ahora, el descubrimiento continúa bajo investigación y serán los estudios antropológicos y arqueológicos los que permitan establecer con mayor precisión su significado.
Así, debajo de los terrenos donde se construye el Tren México-Querétaro, la historia vuelve a salir a la luz, revelando testimonios de las civilizaciones que habitaron el territorio mucho antes de la llegada de la infraestructura ferroviaria moderna.